miércoles, 13 de marzo de 2013

Antecedentes


El diagnóstico de las enfermedades alérgicas se basa fundamentalmente en la elaboración de la historia clínica y el examen físico del paciente; sin embargo hay pruebas rutinarias que pueden ser sugerentes, como por ejemplo la eosinofilia asociada a procesos alérgicos o la determinación de proteína C reactiva para evaluar un proceso inflamatorio; sin embargo, el apoyo más importante para un diagnóstico lo ofrecen los exámenes para demostrar el alergeno responsable, sea mediante pruebas cutáneas (in vivo) o la determinación de anticuerpos IgE específicos (in vitro). Si el diagnóstico clínico y de laboratorio se lleva a cabo conjuntamente, de manera coordinada y bien dirigida, el resultado será un diagnóstico certero que permitirá al clínico el manejo adecuado del paciente.

Prueba de alergia
(Jorge Churba, 2011)
La prueba cutánea se puede realizar por la técnica de prick o punción, en la primera se coloca una gota del alérgeno sobre la piel del paciente y se hace un pequeño rasguño, mientras que en la otra, se punciona inyectando una pequeña cantidad del alergeno bajo la piel. Los dispositivos utilizados pueden ser de plástico (Duo-Tip o Multi-Test) o acero inoxidable (lanceta o aguja). Son varios los factores que hay que tomar en cuenta al momento de interpretar los resultados: la edad del paciente, las características de la piel, la estación del año de realización de la prueba, ritmo circadiano, el uso de inmunoterapia previa, uso de medicamentos, etc. Es por ello que las pruebas cutáneas deben ser realizadas e interpretadas por un médico especializado en alergias.

Los métodos in vitro para la determinación de IgE total y específica son: radioalergoabsorbencia (RAST), radioinmunoensayo (RIA), ensayo por inmunoabsorción ligado a enzimas (ELISA), algunos de los que tienen la desventaja de utilizar isotopos radioactivos, lo que limita su uso a laboratorios certificados. El método moderno más utilizado es el fluoroensayo enzimático (ImmunoCAP). Este último, tiene varias ventajas con respecto a los métodos in vitro e in vivo, ya que partir de una simple muestra de sangre, proporciona resultados rápidos y precisos que contienen valiosa información clínica.

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